domingo, 16 de enero de 2011

La jaula

Entre los hombres del pueblo se discute si es que las bellas tonadas de la joven golondrina tienen que ser capturadas. Uno de los hombres argumenta que la golondrina entrega una melodía que alegra la vida de la comunidad y que por este motivo debía ser capturada, puesto que en los períodos que la golondrina emigraba el pueblo se oscurecía.

Por otra parte, la dueña de la taberna justificaba la retención de la joven golondrina, debido a que llegaba gente de distintas partes para escuchar las dulces melodías.

Un hombre bien vestido agregó que la golondrina fomentaba el romance en el pueblo. También tomó la palabra el agricultor del pueblo, el cual propuso, que la golondrina era de buena suerte dado que se generaban buenas cosecha.

Ante todos los argumentos esgrimidos, el pueblo decidió capturar a la joven golondrina. El mismo día pusieron una trampa que consistía en una jaula y esta tenía comida en su interior.

La joven golondrina cayó en la trampa. A causa de esto, el pueblo hizo una fiesta ya que los hermosos silbidos estarían siempre en el pueblo. Sin embargo a la mañana siguiente la golondrina no cantó.
El hijo del gran señor sería crucificado al amanecer, pero fue el padre quien pago por ver morir a su hijo bastardo. Durante el amanecer el soldado que trasladaba al redentor miró al cielo y escupió. Segundos más tarde la naturaleza se hizo sentir y el mundo se detuvo. Las gárgolas deformes salieron de sus casas para acompañar al condenado.

Cuando llegó el momento los soldados tiraron el cuerpo del hombre a un acantilado, después de haber asesinado al redentor de los pueblos las bestias hicieron una orgía de violencia. La matriarca de la sociedad mando a degollar a sus hijas Libertad y Esperanza.

Libertad fue degollada para luego satisfacer la gula de los zánganos que festejaban. Pero cuando Esperanza fue llamada para cumplir su misión de satisfacer el deseo del dios, escapó.

Esperanza a los pocos días de haber escapado murió. El pueblo de las bestias apenas termino el ritual fue devorado por la naturaleza. El redentor de los humanos y las bestias fue comido por los perros.

sábado, 15 de enero de 2011

La foto perfecta

Caminaba por el centro de santiago un día de lluvia. Desde la avenida principal se podía ver el humo. Lo único que traía a mano era una cámara y las ganas de saber lo que pasaba. Cuando llegue a la esquina de la avenida principal la vi, en la mano llevaba unos papeles, los cuales entregaba a las personas que pasaban. Mientras caminaba su pelo mojado se movía al compás de la batucada que estaba al final de la calle.

Al caminar se podía ver que hablaba con sus compañeros y los miraba seriamente. Después de un rato me fijé de mi primera preocupación el humo, esta era de una figura que habían quemado. Pero mi atención volvió a ese pelo majado y ojos cafés. Sus ojos miraban hacia adelante como si el futuro que viniera tuviera más luz que en la actualidad.

Las banderas por segundos me tapaban su cara, mas cuando volvía ver su pañuelo de colores blanco y negro mi mirada encontraba su opio. A pesar de que su cara desaparecía en la multitud, corrí para no perder de vista su sonrisa. Cuando estuve un poco más cerca decidí sacarle una foto, pero justo en ese momento el humo que lo destruye todo cubrió a las personas.

Ese fue el instante tuve que correr y perder de vista a la persona de mi fotografía perfecta. Los ojos me dolían, mi nariz estaba irritada y las piernas cansadas. Pero cuando tuve la oportunidad de mirar hacia atrás no vi nada más que monigotes verdes que golpeaban a los que se quedaron.

Cuando paso el efecto de gas busque y busque, pero ya no estaba. Una incertidumbre llenaba mi cuerpo, a pesar de todo retome la cordura y agarre mi cámara para sacar fotos a la gente que había sido agredida. Mientras sacaba las fotos encontré un papel y al parecer era de los que ella repartía.

El papel decía: " Las cosas más lindas se construyeron soñando, llego la hora de volver a que sueños nos construyan...". A la retirada de todos las personas solo quedaba la lluvia y las banderas, y decidí caminar al metro. Mientras caminaba miraba mi en torno para ver si la encontraba, pero no vi nada. Llegué al metro, y cuando me subí a éste, la vi a ella sentada.